Un rato después que se apagó la música volviste a encenderla...
me sacaste a bailar por segunda vez.
Supuse que ahora me estabas eligiendo a mayor consciencia.
Al tiempo descubrí que no,
que en realidad habías seguido otro de tus impulsos hayquevivirelmomento.
Pero igual seguimos bailando.
Otro poco después hubo como un apagón.
Repentino, inesperado.
Pensé que no era nada,
que se solucionaba el desperfecto técnico y listo.
Error.
El apagón había sido un accidente.
Pero el parate de música generó un replanteo,
del baile en general y de mí como acompañante en particular.
Esta vez, capaz la última de todas,
decidí tomar la iniciativa y ofrecerte yo bailar un poco más.
Aceptaste, a pesar de lo improbable que era.
Y vuelta al baile...
Queremos bailar?
Con quién?
Estamos bailando juntos ahora.
Y no sé por cuánto tiempo más lo vamos a seguir haciendo.
